sábado, 12 de marzo de 2011

El Petrarquismo y la lírica del amor



Durante los siglos XII y XIII surge en las cortes feudales de Provenza, un tipo de poesía culta en lengua provenzal, que influiría poderosamente en toda la lírica europea.

Un clima agradable, una tierra en paz, una vida fácil en torno a los señores feudales y amplios conocimientos de retórica y música trovadoresca, porque trovadores eran denominados quienes la cultivaban, son los ingredientes de este tipo de poesía.

Había diversos tipos de composiciones, entre ellas las manifestaciones del amor cortés, dirigidas a una dama noble casada, y a quien se ofrece el trovador como vasallo. Se trata de un amor imposible:el vasallo se limita a alabar la belleza de la señora.

Como evolución de esta corriente, los poetas del Petrarquismo se dedican a cultivar el soneto amoroso y a reunirlo en colecciones estructuradas como cancioneros, en forma de serie de poemas que documentan la historia sentimental de su amor por la dama en evolución desde lo sensual a lo espiritual por el influjo de las teorías amorosas del platonismo, que considera el amor como algo abstracto. Entre ambos extremos debemos considerar el Dolce stil nuovo.



Fue Dante quien lo bautizó con este nombre en Italia en el siglo XIII.

La mujer intercede como receptora de Dios, actúa como un ángel y es tratada como un ser inmaterial



Con respecto al amor, no es concebido como pecado sino como un instrumento que acerca a Dios y que no está al alcance de todos. El rostro y la mirada son los más cantados, ya que se dice que la mirada es el espejo del alma.

El tema principal es el amor, pero también lo es la naturaleza idealizaba y se busca una expresión sencilla. Los versos son endecasílabos y se destacan los sonetos.



LA INNOVACIÓN DEL CANCIONERO DE PETRARCA



Francesco Petrarca (20 de julio, 1304- 19 de julio 1374).
Es destacable su doble vertiente (absolutamente indisolubles en la época) de poeta y humanista. Su poesía influyó en autores como Garcilaso de la Vega en España y William Shakespeare en Inglaterra, bajo el sobrenombre genérico de petrarquismo.

Su obra principal es el Cancionero, publicado originalmente en el nombre de Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura y que fue ampliando con el transcurso de los años. Es aquí donde Laura se convierte en el objeto idealizado de su amor, representante de las virtudes cristianas y del ideal de belleza que retoma el de la Antigüedad clásica. Posteriormente se denominará Cancionero petrarquista a las colecciones de poemas líricos creados por diferentes autores a manera del Cancionero de Petrarca.

Los poemas del Cancionero fueron escritos en la lengua vulgar de la Toscana (algo característico del incipiente Renacimiento). Se trata de una colección de más de doscientos sonetos que revelan la historia de su pasión por Laura y los avatares y estados espirituales y emocionales por los que atravesó, incluso después de su muerte, cuando su recuerdo la transforma en un ángel (donna angelicata) que intercede a dios por él para transformar su pecaminoso amor profano en amor divino a la sabiduría y a la moral.

La utilización del verso endecasílabo y sus perfectos sonetos sedujeron a poetas de los dos siglos siguientes y tuvieron influencia en el Siglo de Oro español, aunque algunos autores los rechazaron y los juzgaron como extranjerizantes.

Ofrecemos a continuación dos ejemplos de Rime, pertenecientes cada una de ellas a uno de los dos momentos de amor irrealizado por los que atravesó su autor.

A Laura (en vida) A Laura (después de su muerte)


Era el cabello al aura desatado
que en mil nudos de oro entretejía;
y en la mirada sin medida ardía
aquel hermoso brillo, hoy ya apagado;

El gesto, de gentil favor pintado,
fuese sincero o falso, lo creía;
ya que amoroso yesca en mí escondía,
¿a quién espanta el verme así abrasado?

No era su andar cosa mortal grosera,
sino hechura de ángel; y sonaba
su voz como no suena voz humana:

Un espíritu celeste, un sol miraba
cuando la vi; y si ahora tal no fuera,
no porque afloje el arco el daño sana.

Me alzó mi pensamiento adonde era
la que busco y no hallo ya en la tierra,
y allí entre los que tercio cielo encierra
la vi más bella y menos altanera.

Tomó mi mano y dijo: <<
conmigo, si el afán no yerra: que soy quien te
dio en vida tanta guerra y acabó el día antes
que el sol cayera. Mi bien no cabe en
pensamiento humano: sólo a ti aguardo, y lo
que amaste loco, que un bello vuelo fue,
quedó en el suelo>>.

Mas, ¡ay! ¿por qué me desasió la mano?
que, al eco de su acento, faltó poco
para que me quedase allá en el cielo.

Petrarquismo

Se denomina Petrarquismo, dentro del género poético lírico, a la corriente estética que imita el estilo, las estructuras de composición, los tópicos y la imaginería del poeta lírico del Humanismo toscano Francesco Petrarca.

El Petrarquismo fue una poderosa corriente de inspiración lírica que se esparció por toda Europa con el Renacimiento sucediendo como fuente de inspiración en la lírica al amor cortés de los trovadores provenzales. A esta lírica se superpone una nueva filosofía amatoria influida por el platonismo. Su influjo se extendió hasta comienzos del siglo XVIII y solamente escaparon de él poetas como William Shakespeare, que creó un cancionero dedicado a un hombre.

Fundamentalmente los poetas del Petrarquismo se dedican a cultivar el soneto amoroso y a reunirlo en colecciones estructuradas como cancioneros petrarquistas, en forma de serie de poemas que documentan la historia sentimental de su amor por la dama en evolución desde lo sensual a lo espiritual por influjo de las teorías amorosas del platonismo, que considera el amor como algo abstracto.

La influencia del Petrarca incluye tanto aspectos formales como temáticos. En los temas destaca el culto a la belleza, el protagonismo de la naturaleza (bucolismo) y del amor, de la mano del cual está la mujer como eje en torno al que gira la filosofía del amor petrarquista, a la manera del amor cortés.


Formalmente, el petrarquismo introduce en la literatura en español el soneto, que será la forma más usada en los siglos de oro (XVI y XVII), así como el endecasílabo como verso.

En Italia el Petrarquismo tuvo buenos continuadores como Pietro Bembo, Jacopo Sannazaro y Michelangelo Buonarroti, y ya de forma paródica Francesco Berni; en Portugal fueron poetas petrarquistas Luis de Camoens y Sa de Miranda; en España introdujeron el petrarquismo Garcilaso de la Vega y Juan Boscán, y lo siguieron Gutierre de Cetina, Hernando de Acuña y otros muchos en la primera mitad del siglo XVI y Fernando de Herrera y algunos otros en la segunda mitad, de forma más manierista; Lope de Vega y Francisco de Quevedo en el siglo XVII, a veces con rasgos paródicos que son patentes por ejemplo en Baltasar del Alcázar. En Francia lo implantó el movimiento poético conocido como La pléyade, cuya figura más importante es Pierre Ronsard; en Inglaterra lo naturalizaron Thomas Wyatt y Henry Howard y lo continuó Philip Sidney.


El petrarquismo entró poco a poco en el seno del Manierismo y llegó a convertirse en algo artificial, científico y frío, de forma que en el siglo XVII, ya barroco, empezó a usarse el mecanismo de la parodia creándose numerosos cancioneros burlescos. Se aplebeyó groseramente su idealismo platónico con el materialismo y la referencia al detalle marginal o costumbrista. Empezaron en este estilo, en Italia, Francesco Berni; en España, Baltasar del Alcázar y Luis de Góngora. Lope de Vega compuso también un cancionero petrarquista burlesco y humorístico, las Rimas humanas y divinas de Tomé Burguillos. Francisco de Quevedo, autor de otro cancionero petrarquista en torno a Lisi, ensaya ocasionalmente también la parodia petrarquista en poemas sueltos.

Una muestra de la literatura universal

Existe una diferencia fundamental entre esta reseña y la mayor parte de las que he escrito hasta el momento: normalmente me leo un libro y una vez terminado escribo qué me ha parecido teniendo presente lo que recuerdo de él; esta vez he tomado notas conforme avanzaba en la lectura, con lo que, para empezar, tengo más que decir sobre esta Historia de la literatura universal que sobre casi cualquier otra obra que haya aparecido por aquí. Otra cosa he de decir: por esta misma circunstancia se da que los defectos encontrados en el texto se encuentran en esta reseña mucho más recientes, por lo que puede parecer que el libro no me ha convencido, cuando lo cierto es que me ha encantado. Dicho esto, podemos comenzar con mi opinión.

Después de un prólogo escrito por una tercera persona (que hace, por cierto, un uso extraño, y a veces diría incluso que incorrecto, de la puntuación) nos sumergimos de lleno en ese océano de títulos, autores y fechas que constituye el grueso del libro. El devenir del estilo es suficientemente descrito, pero algunos párrafos llegan a transformarse en listas difíciles de leer y que aportan poco; esto, de todos modos, no sucede tanto como para estropear la lectura. Por lo demás, el texto, escrito con claridad y sencillez, se desliza a través de los siglos siguiendo un orden cronológico, sin por ello cortarse a la hora de efectuar saltos temporales según las exigencias del autor o el género (algunas veces es necesario si un tema quiere tratarse bien).

Riquer es experto en literatura medieval; se agradece que no se deje llevar por ello y que la cantidad de páginas que se le dedica a cada cosa sea proporcional a su importancia. Valverde, por su parte, sabe algo de filosofía, y a él sí que se le nota, porque a veces se mete en berenjenales a los que no debería haberse acercado: da opiniones más que discutibles sobre el pensamiento de ciertos autores, y no da lugar a discusión por mencionarlos solo de pasada. Esto se lo podrían haber ahorrado. Otra cosa buena es la atención que se le presta a la prosa científica como género por méritos propios; otra mala, la obsesión que tiene Riquer con el Quijote, que le hace ver su influencia en casi cada novela posterior a su publicación. Puede tener razón, pero llega a resultar exagerado.

Aparte de errores puntuales en la transcripción de los títulos (qué le vamos a hacer), una cosa que me ha llamado la atención y no me ha hecho mucha gracia ha sido eso de que a los autores se los cite por su apellido y las autoras, por su apellido precedido por el artículo «la». Me quejo siempre de los obsesos de estos detalles, pero en este caso creo que hacen quedar a las escritoras como mujeronas que por dedicarse al arte se vuelven masculinas. Cosas mías, supongo.

Y con eso me parece que hemos terminado con los defectos en sí. Una conclusión que puede sacarse de esta Historia de la literatura universal es que las motivaciones del hombre han sido, en todas las épocas y todas las culturas, prácticamente las mismas. (Hablando de épocas, el que muchos capítulos se titulen «De tal periodo a tal» no hace sino confundir: ¿estamos hablando del Renacimiento o del Barroco?) Los autores se refieren a todos los mencionados con un respeto que es de admirar, aunque a veces, con la cantidad de gente a la que se menciona y el poco tiempo que les da de hablar de ella, lo que hay detrás del libro es más un proceso de recopilación enciclopédica que de verdadera crítica.


Al final del segundo volumen se incluye un apéndice escrito con posterioridad en el que diversos estudiosos dan un repaso a la literatura de un montón de países en los últimos años (lo cual era necesario, porque originalmente el libro pasaba casi de largo del boom latinoamericano, cosa que me parece un gran error). Esto da lugar a solapamientos que en ocasiones derivan en graciosas contradicciones: la opinión que originalmente se tiene de Capote es más bien fría, mientras que el apéndice se deshace en ardorosos elogios. Nada de mayor importancia, en realidad.

Tal como dije al principio, me ha encantado, a pesar de lo que pueda parecer. Es por ello que lo recomiendo a cualquiera que tenga cierto interés por la historia de la literatura, o por el desarrollo del pensamiento en general.

fuente: http://www.google.co.ve/imgres?imgurl=http://alfondoaladerecha.inclinado.org/wp-content/uploads/2010/06/Historia-de-la-literatura-universal-I.jpg&imgrefurl=http://alfondoaladerecha.inclinado.org/2010/06/07/historia-de-la-literatura-universal/&usg=__HK8eLtb3nV_DSDZgPeOpy5rBKPE=&h=289&w=200&sz=21&hl=es&start=5&zoom=1&itbs=1&tbnid=qX4ZkJ9XXP1yRM:&tbnh=115&tbnw=80&prev=/images%3Fq%3DExiste%2Bla%2Bliteratura%2Buniversal%26hl%3Des%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1&ei=GGx7TbjfCIPHgAfmm6TpBg

¿Qué pasó con la Historia Universal? ¿Por qué la eliminan?

Hoy más que nunca nos encontramos ante la necesidad de buscar en el pasado las bases de un modelo que pueda ser proyectado hacia el futuro. A cada instante nos vemos precisados a relacionar las instituciones y los acontecimientos ya vividos por la humanidad con las situaciones presentes. Necesitamos conocer el gran recorrido histórico de donde hemos emergido como pueblo, entender e interpretar el acontecer actual en nuestro país y en el resto del mundo.

Este parrafo es la importancia de la asignatura Historia Universal del 8º grado de Educación Básica del actual diseño curricular, escrita por Celia Jiménez y Freddy Domínguez, profesores de Sociales del Instituto Pedagógico de Caracas.


¿Qué pasó con la Historia Universal? que la eliminan en el nuevo Diseño Curricular por implantar , en el subsistema de Educación Secundaria Bolivariana.
No encuentro respuesta de la eliminacion del programa” Historia Universal” de Secundaria, ¿Como podrán nuestros jovenes comparar los sistemas, revoluciones y todos los hechos del pasado, ni comparar ni mejorar, ni criticar y ampliar sus conocimientos, no conocerán de la Educación Espartana, ni del nazismo, ni de la Revolución Industrial, ni de la revolución Rusa, de la cruzadas, de Cesar Augusto etc..

Se perderan lo mejor de la humanidad, de la grandeza de los hombre, sus luchas y sus errores.

¿Por qué? ¿Cuales fueron las causas y sus consecuencias’? ¿Quiénes fueron sus lideres y que pensaban? No harán énfasis en la interpretación del hecho, no sabran ni discutirán y mucho menos análisis de su pasado. Serán un jovenes sin ¿Por qué?

Soló será privilegio de los estudiosos; la sencilla, demostradora de la grandeza para bién o para mal del hombre y grata materia “Historia Universal”.

fuente:http://www.google.co.ve/imgres?imgurl=http://www.letralia.com/ciudad/cardonagamio/imagenes/shakespeare.jpg&imgrefurl=http://revistaprofe.com/intersite/archives/category/historia-universal/page/2&usg=__LNUEGjkWfIKKtyRBp6yujqx_snM=&h=314&w=300&sz=36&hl=es&start=16&zoom=1&itbs=1&tbnid=T42z0fG-oKGsQM:&tbnh=117&tbnw=112&prev=/images%3Fq%3Dla%2Bliteratura%2Buniversal%26hl%3Des%26gbv%3D2%26tbs%3Disch:1&ei=PW17TemyN4HPgAeNtvjdBg

¿Existe la literatura universal?

El 31 de enero de 1827 Goethe escribió. "Me gusta echar un vistazo a lo que hacen las naciones extranjeras y recomiendo a cualquiera que haga lo mismo. Hoy día la literatura nacional ya no quiere decir gran cosa. Ha llegado la época de la literatura universal y cada cual debe poner algo de su parte para que se acelere su advenimiento". Es un extracto de una conversación entre el autor alemán y su secretario J. P. Eckermann (incluida en Conversaciones con Goethe, Acantilado). Goethe acuñó el término Weltliteratur para, según Martín de Riquer, "indicar una idea de una literatura realmente universal, que implica que todas las literaturas del mundo pueden tener el mismo valor y atractivo". El universo literario no parece discutir la autoría del término: Goethe es el progenitor de la "literatura universal".




Gredos ha reeditado la Historia de la literatura universal de Martín de Riquer y José María Valverde. "Pasen 50 o 100 años la Historia de Riquer y Valverde seguirá siendo valiosa y no perderá del todo su vigencia. Es una foto fija de la literatura realizada por dos grandes autores", explica José Manuel Martos, director de Gredos. En el prólogo, los autores acotan su universo literario: "Este libro pretende ofrecer un claro panorama crítico de las obras que constituyen, simplemente, a toda creación literaria capaz de interesar a un lector de nuestra cultura y tiempo, por encima de barreras nacionales o lingüísticas y de posiciones ideológicas". Es decir, su obra es de una prudente universalidad. "La orientación de los dos tiene el espíritu pedagógico y aspira a idéntica función que la idea de Goethe: ofrecer una biblioteca, suficiente pero nunca completa, a muchos. Quizá ésa sea la mejor definición de literatura universal: una biblioteca para muchos. Así existe todavía en las utilísimas colecciones de fascículos de literatura universal que se venden a buen precio en los quioscos. De allí y de ningún otro lugar, de ese sueño, parcial pero inclusivo, surgen los lectores", asegura Nora Catelli, escritora y profesora de teoría literaria y literatura comparada en la Universidad de Barcelona.


Esta Historia se propone estimular "el apetito de leer" y servir "de mapa en el interminable y maravilloso viaje por la literatura universal". Y Babelia se propone reabrir el debate en torno a la literatura universal. ¿Existe una verdadera literatura universal?

A favor:
"La literatura es, en esencia, universal, como todas las artes. No es que no exista la literatura universal, es que nadie tiene ese conocimiento total, acceso a todas las lenguas y tradiciones que conforman la literatura universal, constantemente cambiante y movediza. Es posible que ni siquiera exista ese interés", Anne-Hélène Suárez Girard.

"Si yo, un bantú que vive en el siglo XXI, vibro con los escritos de Homero, Cervantes, Shakespeare, Dostoievski, Victor Hugo, Ralph Ellison, Chinua Achebe o García Márquez, es porque son historias universales muy bien contadas. Los clásicos del Mundo Antiguo describen, básicamente, el mismo universo que todos sus descendientes: los sentimientos que impulsan al ser humano, llámense amor, odio, ambición, lealtad, traición, bondad o maldad. Sólo que cada época, y cada cultura, lo expresan con rasgos estéticos propios", Donato Ndongo.

"Claro que existe, sí, la literatura universal existe, lo que no existe es la literatura nacional, que es un invento del siglo XIX con fines pedagógicos", Javier Cercas.

En contra:
"No creo en la literatura universal: los libros, los poemas, siempre están escritos desde una posición específica y dirigidos a unos determinados lectores. Esas posturas y lectores pueden ser más o menos poderosos, numerosos, y hoy por ejemplo, asistimos a una literatura escrita para una amplia audiencia de alcance internacional. Pero no podemos ni hablar de literatura universal cuando en África, escribir para el mundo no significa escribir para, por ejemplo, países como Marruecos o Nigeria", Franco Moretti.


"De ninguna manera, nunca debemos hablar de literatura universal. De existir, sería abstracta y sin contenido, a fuerza de querer desprenderse de todo arraigo territorial, de todas sus particularidades. Lo universal es, en realidad, una sublimación de lo particular. Es el caso de los valores del mundo occidental, de autoproclamada validez global, que tienden a generalizarse (universalizarse) en el mundo, o al menos en esos lugares cuyas condiciones económicas y sociales se lo permiten", Édouard Glissant.

"En la actualidad, la idea de literatura universal que sustentó Goethe está muy traicionada, no ha tenido las consecuencias que él quería, no es una piedra angular entre distintos pueblos. Hoy en día el concepto de literatura universal no es una realidad porque se desconocen otras literaturas. El reto de la literatura poscolonial supone desmontar la idea de la literatura universal y deslegitimar su idea unívoca, también existen otras literaturas y hay que dar una visión de ellas. Las literaturas poscoloniales deben hacer de la literatura universal una utopía concreta", Wilfrid Miampika.
Entre ambas posturas, Enrique Vila-Matas: "Existe la literatura universal, pero sospecho que el concepto engloba sólo las literaturas de Occidente: lo que Goethe denominó Weltliteratur o literatura universal. Así que tal vez no existe. Además, la literatura no necesita calificativos. Universal, por otra parte, es redundante. Total, que no lo sé". En torno a la existencia -o no- de la literatura universal gravita otro concepto, digamos, delicado: el canon. Según Riquer, las obras canónicas deben "tener un interés o un valor aceptados por todo el mundo, por los lectores, por los críticos, y que este interés y este valor se hayan mantenido y perduren a través de los tiempos". Y ninguna época ha escapado a su correspondiente canon. "Lo que ocurre es que el ser humano tiende siempre a acotar y clasificar, a depurar y eliminar aquello que no entiende, para tener la sensación de conocer. Los cánones han parecido necesarios en diversas épocas y culturas, no sólo en la occidental, pero inevitable y lamentablemente imponen un criterio parcial y dejan fuera de la Historia a numerosos autores de valía porque el canon es un espejismo, una fórmula divulgativa para tratar de pactar unos referentes, para dar cierta imagen de una época o para servir a intereses muy alejados de la Literatura como arte. Siempre las grandes potencias económicas tienden a pensar que su propia literatura es la universal. Eso es lo que ha hecho hasta ahora el eje euro-americano", argumenta la sinóloga y traductora Anne-Hélène Suárez Girard. Uno de los ejemplos canonizadores recientes es el polémico El canon occidental (Anagrama), donde Harold Bloom ordenó la anarquía literaria en una selección de 26 autores, desde William Shakespeare hasta Jorge Luis Borges pasando por Emily Dickison y Miguel de Cervantes. "Mimesis, de Eric Auerbach, es un ejemplo insuperable, concebido, a mediados del siglo XX, como repertorio de la sensibilidad literaria europea, desde la Biblia y Homero hasta James Joyce, Marcel Proust y Virginia Woolf. En Mimesis no está todo; pero lo que está permite imaginar o pensar lo que no aparece: eso sugirió uno de sus mejores estudiosos, Edward Said, al mostrar, en Orientalismo, que lo universal casi siempre era sólo occidental. Otro ejemplo es la Historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser; es inclusiva pero parcial, dogmática y a veces torpe, pero brillante, reveladora, insustituible", señala Catelli. Una de las principales críticas de los enemigos de los cánones es su rigidez. "Si me remito a conocimiento de la historia literaria, el canon es extremadamente riguroso. Cada vez leemos menos a autores clásicos, excepcionalmente algunos abandonan las filas del canon, pero apenas ninguno ocupa su lugar", asegura Franco Moretti, profesor de literatura comparada en Stanford. Por su parte, el escritor Tomás Segovia prefiere hablar de dogmas. "Creo que éstos son incluso peor que los cánones. Un canon me parece que nunca podría ser estricto. Es algo vago que el escritor (y el lector) husmean sin poder generalmente definirlo con claridad, de modo que a nadie le corresponde establecerlo. Los dogmas en cambio es bastante visible quiénes los establecen: los que llevan la batuta de la crítica y la moda, los que logran dar más vuelo a sus preferencias o prejuicios, los que destacan por hablar más alto y más autoritariamente que los demás". Éstos, coincide el escritor Félix de Azúa, son el núcleo del problema. "En realidad el problema no es del canon, sino de quienes proponen un canon universal, y suele hacerlo alguien con una vanidad inmensa, como el inepto de Bloom. Los demás no tenemos canon, tenemos simpatías", asegura. Caso que ilustra el mismísimo Vila-Matas: "Yo tengo mi propio canon y, aunque por naturaleza es único e intransferible, hasta me han ofrecido trasladarlo a un libro. Que tenga mi canon personal es consecuencia lógica de mi experiencia de muchos años de lector. El mío es un canon preferentemente voluble, excéntrico y vital. Y si tengo alguna duda, consulto con el profesor Jordi Llovet".

En estos tiempos de world wide web, amazons y kindles es posible asomarse casi a la literatura de cualquier país, sin embargo, el futuro de la literatura universal está teñido de negro. "Vivimos en una sociedad mediática, globalizada y multicultural. La posmodernidad es heterogénea y caótica. Y soy pesimista: los consensos se basarán en correcciones políticas, grupos de presión y criterios ajenos a la calidad literaria tradicional. Si hubiera en el futuro algo parecido a una literatura global va a depender de una suma confusa de todas las limitaciones particulares que acabo de negar: idioma, nación, grupo, raza, género, minoría, continente, etcétera", opina Juan Antonio González Iglesias, poeta y profesor de filología clásica en Salamanca. Suárez Girard comparte su pesimismo. "La traducción ha hecho que las literaturas se influyan, se renueven y enriquezcan, aunque en ese proceso también tiendan en ocasiones a empobrecerse, asemejándose unas a otras y, quizá, a desaparecer. Todo ello forma parte del aspecto dinámico de la literatura universal, cincelado, desmoronado y vuelto a cincelar por las sucesivas generaciones y sus cánones. Para que predomine el lado enriquecedor y renovador sobre el destructor son fundamentales el interés y el respeto hacia el autor; hacia las demás culturas, los estudios de humanidades y el cultivo de la lectura como algo nutritivo y placentero a la vez. Esto que digo son perogrulladas, pero no parece que estén en la onda de los tiempos que corren".


De izquierda a derecha: William Shakespeare, Miguel de Cervantes, J. W. Goethe, Jorge Luis Borges, Homero, Emily Dickinson, J. P. Eckermann, Virginia Woolf, Wole Soyinka, García Márquez y Gao Xingjian


viernes, 11 de marzo de 2011

Arcipreste de Hita [Juan Ruiz]

Juan Ruiz (Alcalá de Henares, 1284 - 1351), conocido como el Arcipreste de Hita, fue el creador de una obra miscelánea predominantemente narrativa en verso que constituye una de las obras literarias más importantes de la literatura medieval española, el libro de buen amor.





Fue clérigo y ejerció de arcipreste en Hita, actual provincia de Guadalajara. Se conocen muy pocos datos de su biografía, apenas su nombre y el de uno de los protagonistas de su libro, Ferrán García, en un documento de un cedulario que se conserva en la catedral de Toledo. Los aspectos pseudobiográficos de su obra hicieron que algunos eruditos tratasen de deducir ciertos aspectos de la vida del autor. Nació probablemente en Alcalá de Henares, aunque Emilio Saéz y José Trenchs han postulado la jienense Alcalá la Real, hacia 1283. Debió cursar estudios en Toledo, Hita, Alcalá de Henares o alguna localidad de esta zona y seguramente fue encarcelado por orden del arzobispo de Toledo Gil de Albornoz. Sin embargo, filólogos como Spitzer, M.R. Lida y Battaglia han cuestionado el rigor de muchos de estos supuestos. Igualmente fue un gran aficionado a la música, como lo prueba su conocimiento de la materia a través del léxico muy especializado que maneja. Escribió, que se conozca, una única obra, el Libro de buen amor, quizá redactada en la cárcel. Se ha estimado que su muerte ocurrió antes de 1351, pues en ese año ya no era arcipreste de Hita, cargo que para dicha fecha ocupaba un tal Pedro Fernández.


Escribió la obra más importante en lengua española de la época, el Libro de Buen Amor, considerada también como una de las obras literarias más relevantes de la Europa medieval. De este poema se han extraído todos los datos biográficos disponibles sobre el Arcipreste: su nombre, su lugar de nacimiento y la ciudad en que estudió, Toledo, punto de encuentro de las civilizaciones musulmana, judía y cristiana.

Aunque subsisten ciertas dudas respecto a la exactitud de estos datos, se ha llegado a calificar su obra de mudéjar, por la equívoca relación que establece entre piedad religiosa y sensualidad y su refinado ideal de belleza femenina.






El propio Arcipreste alimenta esta confusión entre la pasión religiosa y la pasión amorosa, habitual en la literatura popular de la Edad Media, al proclamar al comienzo del libro que éste debe ser «bien entendido», con lo cual señala su doble sentido, y añade que no debiera el lector dejarse engañar por las referencias sensuales y en ocasiones abiertamente eróticas de la obra, pues si muestra estos vicios es para generar repulsa y no para tentar con ellos; sin embargo, hay quien supone que esta parte fue escrita para aplacar las críticas, y que la finalidad del libro es bien poco piadosa.


Las cantigas a Santa María denotan lo que parece un verdadero fervor religioso, acentuado por la situación de tribulación moral en que confiesa hallarse el autor en más de una ocasión. El libro acata una y otra vez la moral eclesiástica y fustiga con acritud lo que ésta condena, pero procede, de manera sistemática, a un olvido «sospechoso» de las severas intenciones proclamadas para situarse en el campo de la desenfadada sátira popular. Si lo religioso parece servir a menudo a fines profanos, también ocurre a la inversa, cuando el relato más pícaro y desenvuelto sirve para inferir alguna máxima moralizadora.


Su estilo es a la vez pintoresco y vivaz, y denota una extraordinaria facilidad en el empleo de términos expresivos y de gran plasticidad. Lejos de proceder a una selección cuidadosa de vocablos, ofrece una sorprendente abundancia de palabras, giros y dichos populares, que constituyen un ágil e ingenioso entramado lingüístico y suponen un avance significativo respecto del lenguaje de los poetas del siglo XIII, más limitado y mucho menos vivaz y espontáneo.

La orientación popular del Libro de Buen Amor es patente y puede comprobarse en su métrica irregular y en su anunciada intención de servir como libro de cantares para ser repetido e incluso modificado por el pueblo («Cualquier homne que lo oya, si bien trobar sopiere, puede más añadir e emendar si quisiere»). En la figura del Arcipreste, el juglar y el clérigo llegan a confundirse por completo: como cualquier juglar, solicita un don al término de su relato, aunque recuerda su condición de clérigo y se limita a pedir un paternoster a guisa de recompensa, lo que constituye un nuevo y equívoco guiño al lector.

Con el Arcipreste de Hita llega a su cumbre la juglaría lírica en castellano, que antes había desplazado a la gallega, predominante durante el siglo anterior. El único manuscrito que se conserva de la obra señala que fue compuesta en prisión, en donde se supone que el arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz, ordenó que se encerrara a Juan Ruiz, aunque bien podría tratarse de una referencia alegórica al mundo como prisión del alma, lugar común de la literatura medieval. Aunque se ignora la fecha exacta de su muerte, se sabe que ya en el año 1351 el arcipreste de la ciudad de Hita era una persona distinta de Juan Ruiz.





fuente:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arcipreste_hita.htm














Giovanni Boccaccio Biografia

Nació, al parecer, en Florencia, en 1313. Hijo de madre desconocida, fue adoptado por un próspero mercader llamado Boccaccino de Chelino. La posición de su padre le permitió viajar por varios países y tener una sólida formación intelectual. Pero Boccaccio no parece demasiado interesado ni en el mundo mercantil ni en la búsqueda de una profesión lucrativa, tal como era el deseo de su progenitor. En Nápoles se dedica al aprendizaje del arte literario y a disfrutar de la sociedad cortesana. Allí nace su amor por Fiammetta, quien inspirará gran parte de sus obras escritas en lengua vulgar. A diferencia de la Beatriz de Dante o la Laura de Petrarca, Fiammetta (“Llamita”) se presenta como una amada menos idealizada y más humana y real. A la muerte de su padre, Boccaccio, instalado en Florencia, se encarga de los negocios familiares, ya muy quebrantados. Hacia el año 1360, el escritor pierde a su hija Violante (niña de cinco años y última superviviente de los cinco hijos ilegítimos que tuvo de una mujer de la que no se tiene noticias). En los últimos años de su vida sufrió una fuerte crisis religiosa que le llevó a plantearse el hacerse monje y a quemar sus obras profanas, aunque no lo llegó a hacer. Vivió retirado en un pueblo cercano a Florencia donde se dedicó por enteró a su obra. Muere en 1375 (poco después del fallecimiento de Petrarca, que le había legado en su testamento un chaquetón para que se abrigase en las largas veladas estudiosas).


· Obras en lengua vulgar:

Además de escribir varios tratados en latín, Boccaccio fue autor de una amplia producción escrita en lengua vulgar, tanto en prosa como en verso. En verso escribió las Rimas, de temática amorosa. La más importante de las obras en prosa es, sin duda, el Decamerón. Escribió también:
-Elegía de madona Fiammeta (h.1343), donde narra una historia amorosa invirtiendo los papeles y haciendo que la joven exprese su dolor tras ser abandonada por su amado, Pánfilo.
-El Corbacho (h. 1355), es una sátira antifemenina, que se inserta en la tradición misógina. Aquí, tras un desengaño amoroso, fustiga duramente los vicios y tretas femeninas.

Tanto su obra como su personalidad reflejan claramente el momento de transición: por una parte es un hombre del Renacimiento, seguro de sí mismo, culto, burgués, con inquietudes intelectuales; pero por otra parte, refleja aún la mentalidad medieval, ya que alterna los períodos de goce mundano con otros de profunda religiosidad.

Su más famosa obra, el Decamerón consiste en unacolección de cien relatos por los que desfilan caballeros, señores, frailes ygente simple con todos los atributos morales y materiales propios de la especiehumana. La crítica es acertada cuando dice que el Decamerón es una especie de“comedia humana”.Varias generaciones de cuentistas encontraron en laobra de Boccacio el modelo apropiado. Y es que además de su particular estilo,Giovanni Boccaccio fue el que inició el espíritu moderno por su abiertaindependencia con relación a las creencias tradicionales. Toda su obra, y enespecial el Decamerón , revela ya las ideas que campearían.

fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Boccaccioipedia.org/wiki/Boccaccioipedia.org/wiki/Boccaccio